CARTA AL LECTOR COMO POTENCIAL PROTAGONISTA DE MI HISTORIA

Estimado Lector:

El motivo de estas líneas es presentarte  la obra literaria que el día 25 de Septiembre de 2009, registré con el número: M-007941/2009, intitulada: “La afilada navaja de Ockham”.

El ISBN del Ministerio de Cultura es:978-84-613-8169-2; siendo el Depósito Legal: M-11926-2010.

Estoy seguro de que, por su temática inédita en España y por la profunda reflexión crítica que conlleva desmenuzar en el detalle una experiencia de tal grado de concienciación moral, puede ser, junto a  un estilo literario muy cuidado y personal, de interés para ti  y satisfacerte en su lectura.

Me consta que dicha temática del libro no está desarrollada en España. Esa ausencia del desarrollo temático no es dado porque no haya habido magines creativos para recrearlo, sino porque no se ha dado la coincidencia de vivir en primera persona una singular experiencia del todo dramática, espectacular y no menos dignificante, y además poseer, a Dios gracias, capacidad para narrarla.

En  las páginas de “La afilada navaja de Ockham” cabe todo como una miscelánea de emociones, lucubraciones plagadas de fina ironía – acerada en ocasiones y de humor sutil en otras-  para dar más veracidad a los sentimientos que se vierten como una cascada de inconformismo y desahogo provocada por la surrealista experiencia que viví un 9 de Marzo del 2009.  Entonces desconocedor de ese punto de inflexión que supuso en mi vida, culmino hoy la meta de registrar una historia singular que puede ser de interés para muchas y diferentes personas.

Dicha experiencia es un error policial, no exento de brutalidad en el abuso, espectacular y de interés descriptivo, ejecutado sobre un ciudadano honrado y sin tacha, que fue acusado de un falso delito para encubrir los muchos dislates de procedimiento donde fueron vulnerados mis derechos constitucionales. De una confusión se generó una actitud criminal de cuatro policías que me obligaron a defenderme contra sus principios de veracidad de una manera harto original y que sorprendió a propios y extraños… a decir verdad hasta a mí mismo.

Una vez exonerado de toda responsabilidad de esa falsa acusación, con sentencia absolutoria significada de toda clase de pronunciamientos favorables, son cuatro policías  los que están acusados de cinco delitos, entre ellos el de detención ilegal, delito por daños, lesiones etc.

La sentencia absolutoria reza literalmente: “que la acusación gratuita contra un ciudadano íntegro pretende menoscabar los pilares básicos en que se asienta el Derecho Penal”. Es todo el desarrollo literario una odisea jamás contada en lo que fue una cosecha de experiencia propia una vez hice mía la célebre frase de Napoleón Hill: “Toda adversidad lleva consigo la semilla de un mayor beneficio”.

El libro es de por sí espectacular en la narración, descriptivo con el especial cuidado que otorga la importancia de la grandeza motivadora de los pequeños detalles, y es una semblanza crítica y profundamente esclarecedora del momento oscurantista que atraviesa España, en el convencimiento de que lo que permanece en las sombras posee la fecha de caducidad que las falacias traen consigo para justicia de los inocentes.

Mi libro es pues un reflejo fidedigno de la realidad degenerativa que vivimos y denuncia las muchas carencias de una Ley y una Justicia, cuyos derroteros en la incertidumbre, exponen a los ciudadanos de bien a ser víctimas de unos dislates en ocasiones no exentos de actitudes malintencionadas.

Profundamente aleccionado por la justicia resolutiva que contiene cada página de mi libro- sin ninguna intencionalidad política que el deseo de descubrir las verdades que nos llevan a la destrucción del futuro que antes nos pertenecía-  amplio el deseo de esa mayor Justicia en un epílogo titulado: “Carta a los que saben la verdad del 11-M y la silencian” considerando sintomático que 6 años después no se conozca la autoría intelectual de la matanza. Es una responsabilidad moral no dormir las consciencias ni eludir el riesgo que supone semejante ignorancia. Al margen de todo color político es una vital cuestión no callar ante un interrogante que abarca nuestros destinos personales

Se inicia dicho epílogo así:

“Sois vosotros, los culpables de la amargura inconsolable, aquellos que han de dignificar a los inocentes cuando se descubra la maldad hueca de vuestros cerebros rotos y los jirones de vuestras almas endemoniadas. Porque nada que está oculto habrá de seguir en las sombras hasta el tiempo de vuestra sentencia que ya está escrito; como el de vuestras vilezas cuando ideasteis un plan radical pensando en hacer lo mejor por vuestros rastreros intereses disfrazándolos de honorabilidad. Creísteis ser salvadores de patrias y os habéis transformado en las escorias sobre las que la Historia escupirá sus indignaciones…”.


En definitiva, como dice la introducción: “este libro expone las amargas vicisitudes del abuso policial sufrido en primera persona. Denuncia la mala fe de algunos individuos con placa que infringen las leyes con la aparente impunidad de una soberbia inadmisible y dañina. Asimismo se advierte sobre las insuficiencias de la autoridad policial y la violación de un Código Deontológico de abogados sin escrúpulos que aprovechan el desconocimiento de la Ley al pie de la letra para lucrarse ilícitamente de sus confiadas víctimas.

Del mismo modo deja en evidencia el relato de mi experiencia a jueces que dictan justicia al arbitrio de un desequilibrio emocional rayano en lo vergonzante, con criterios personales repugnantes; de modo antitético, también agradece la existencia de otros jueces meritorios en el empeño de otorgar Justicia verdadera con sobresaliente intuición y criterio moral del todo encomiables.

Este libro no pretende ser amable – no vivimos épocas afables- pero sí solidario al pretender evitar que pueda suceder lo mismo  a cualquier desavisado inocente. Una intención mayor preside cada página y es la decepción por las actitudes de lo humano…”

Es un privilegio dirigirme a ti por cuanto de importante colofón es para mí el sacrificio de salir indemne de una circunstancia absolutamente criminal y poder propalarla para bien de mis semejantes; circunstancia  que, paradójicamente, puede suceder a cualquier ciudadano de bien en manos despóticas de una minoría de agentes, al servicio de una ley extraña y ajena de los derechos universales del hombre.

Mi obra está dedicada a las mujeres y hombres de las Fuerzas de Seguridad del Estado. No hay confusión al adjudicar los méritos debidos a quienes tanto debemos. La integridad de la mayoría no será jamás oscurecida por las sombras de los menos.

Como pintor de carácter profesional, cuyo estilo es valorado por la originalidad creativa, también me satisface compartir mis pinturas con el objetivo de simultanear mi incipiente andadura en el orbe literario con el ya conocido del pictórico que tantas satisfacciones me ha regalado.

Ruego tengas a bien leer  esta experiencia literaria, vivida con el alma en titánico pulso. Al final vencí no sin comprender de forma desgarradora la profunda desintegración de los valores democráticos en la que estamos sumidos y donde jamás se ha de perder la esperanza.

Quedo a tu disposición para aclararte el fondo de la experiencia personal  y de la  justicia abarcable al futuro de todos nosotros, a expensas de clarificar estos tiempos oscuros de cuyos autores ya se sabe tanto, pese a los pagos de los silencios vergonzantes, y se sospecha en demasía. Nada que está oculto permanecerá en la oscuridad de las malicias. Muchas gracias por tu atención.

Ignacio Fernández Candela.

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