Artículo del autor: Asombrosa vivencia de Justicia con mucho de anecdótico.

La Justicia, una verdadera que supera la imaginación de la imperfecta y falseada humana, ha irrumpido en muchas ocasiones dejándome sorprendido en no pocas circunstancias de mi vida. No obstante tuve un gran amigo, de los que se lleva en el alma, pese a haber traspasado las fronteras de esta existencia efímera,quien me vaticinó que aquellos que pretendieran mi daño habrían de arrepentirse de sus obras. Lo cierto es que siempre me ha sucedido así.

Cuatro policías acusados de 5 delitos son la prueba de esa defensa que me otorga la vida, además de otras circunstancias en las que también siento esa protección para el propio mal de lo pérfido.

No he desesperado mucho en las contiendas, aliviado por la esperanza de que los enemigos sucumban aun sin desearles yo perjuicio. Es el sino el que parece embaucarlos para llevarles a esos atajos que conducen al abismo del dolor que me pretenden, para acabar precipitándose ellos por sus propios impulsos. Me siento pues muy protegido de la hipocresía, de la inícua intención de la falsedad, del interés malicioso y egotista y de las aguas dañinas con apariencia de mansedumbre. Tarde o temprano todo queda ubicado en el espacio de Justicia que las enemistades padecen quedando yo a salvo de sus iniquidades.

La última anécdota fue admirablemente sorprendente y sucedió hace poco.

Fui con una hermosa amiga a un Vips y estuvimos departiendo toda la tarde. Siendo ella fumadora, accedimos, al cabo de horas, a la zona de fumadores. Allí seguimos compartiendo las horas de manera muy amena y participativa. Ella se levantó para ir al aseo y entonces observé con más detenimiento lo que había alrededor. Hacía una hora que se había sentado una pareja a tres pasos de nosotros en la mesa de enfrente… rápidamente percibí con sorpresa que había reconocido a un personaje un tanto familiar.

Cuando regresó Lucía, me dispuse a desplegar las alas de águila de la Justicia, para sobrevolar esos cielos de ocasión que el destino me había brindado. Pausadamente,pero cerciorándome de ser escuchado en la mesa de al lado por aquella pareja, me expresé resueltamente :

“Es sorprendente, Lucía, cómo suceden estos acontecimientos inesperados que sirve en bandeja la vida, así como son las sorpresas con que se obran las justicias .Una vez conocí a D. Santiago V., un periodista de continuidad de los tiempos de Franco y la Transición que también dirigía un programa llamado “ Un mundo para …”… Paradójico que este señor experto en niños y su educación, décadas después tuviera a sus nietas de 5 y 9 años perdidas en la calle de madrugada; cogidas de la mano de una hija demente, fementada de droga y anorexia, socavó el íncubo las resistencias psicológicas de sus padres, hasta el punto de que la casa donde viven es una covacha infecta, oscura, irrespirable, donde mal sobreviven, tras dignas apariencias, unos personajes de esperpento, erráticos, destruidos en pleno centro de Madrid conocido por su alto nivel de vida…. ¡ cómo engañan las apariencias!”

“Si te digo , Lucía, que actué con D. Santiago, en plena vanguardia psicológica de su mente herida, para motivarle, espolearle y así escribir dos libros que publicó, te diré que me siento satisfecho de la tarea que desempeñé para sacarle de los lodazales de su depresión severa… mientras duró.
Sus hijos se dedicaban al menester de realizar programas de radio con el contenido parapsicológico, acaso huyendo en el más allá de ese más acá vergonzante que vivían a diario viendo cómo se pudrían sus padres en ese infierno de despropósitos mentales.”
Mientras hablaba a Lucía, advertí que la pareja estaba pendiente de lo que escuchaban casi vueltos de espaldas.

“ ¿ Puedes creer , Lucía, que escribí, al cabo de años de ayudar a esa familia, un correo con la idea de que Don Santiago me aconsejara editorialmente y presentara mi libro con el fin de sacarlo a él de la ruina de lo cotidiano en que se desintegraba, así dar continuidad a esos momentos de didáctica construcción racional que tanto bien le inspiraba? ¿ Puedes creer que cuando mandé un correo al programa de radio “Más allá de la …” para contactar con el padre, estos hermanos V. me ningunearon con malos modos y una soberbia desabrida y casi maliciosa? Esgrimían que estaban muy ocupados para responder a mis requerimientos sobre mi libro en cuestión.

Ahí quedó todo. Habían pasado ocho meses y olvidado mi persona ese agravio envanecido que me impidió contactar con D. santiago V. con la intención de ayudarle y contar con una persona, que en sus breves sanos juicios, era un comunicador brillante. Pero la vida posee sus propias sabidurías y cierto es que se manifiestan cuando menos se espera”.

Lucía me observaba con esos ojos  en que era muy fácil extraviarse para encontrar esa verdadera belleza que un hombre sabe valorar cuando verdaderamente una mujer fascina. Consciente del propósito justiciero de mi disertación, me dispuse a enfatizar :

“¿Qué te parece si te digo que tengo frente a mí ese ingrato personaje que me ninguneó cuando quise mandar un correo para su padre con el fin de ayudarles? Asombroso es que tenga frente a mí a uno de los hermanos, a este personaje envanecido de más allá que tanto descuida su más acá.
¿Dirías que los prodigios existen con esta coincidencia en que el personaje en cuestión que me despreció lo tengo sentado frente a mí y está escuchando todo cuanto digo? ¿Crees que debería levantarme y saludarle, comunicando que el libro que está en mis manos lo publiqué? Pienso que es una oportunidad causal y no perderé la ocasión de comprobarlo”.

Dicho y hecho me puse de pie y avancé los tres pasos cortos que nos separaban.

-Buenas noches, disculpadme – la chica que estaba con Santiago ya transmitía en su mirada la sorpresa que le provocaba que saludara después de argumentar en voz alta sobre su acompañante. Sin embargo, él se levantó afablemente para corresponder, ahora sí, a mis requerimientos.
-Hombreeee, Nacho ¿ verdad? Dame un abrazo – me abrazó en lo que notó él nulo entusiasmo por mi parte.
-Verás Santiago; hace tiempo os envié varios correos y vuestra falta de humildad dio a tratar de manera incorrecta a alguien que ha ayudado mucho a tu familia. Este libro que tengo en mis manos es “La afilada navaja de Ockham” , cuyo manuscrito envié para hacer llegar a vuestro padre. No lo leerías ¿ verdad?
-No, no- dijo con cierta afectación mientras me cogía el libro para revisar la encuadernación rústica y dar su profesional aprobación.
-No , Santiago, no necesito de tus consejos ni inspecciones. Quería decirte que este libro lleva documentación referente a un hecho real que padecí. Pero no importa tampoco nada de eso. Sí deseo enseñarte la foto de mi manuscrito con unos décimos de lotería premiados. Informarte que repartí 220.000 euros entre 44 personas . Siento que entre esas felices personas no estén vuestros padres ni vosotros. Quizá de haber  sido mínimamente educados o agradecidos lo hubierais celebrado también. Yo no puedo obligaros a coger un tren que perdisteis por pura ineptitud moral y personal.

Santiago me miraba con una sonrisa resignada, sabedor el señor de los más allá de que esa situación era, muy probablemente, de causalidad y muy a propósito para que encontrara mi tiempo de compensación por el agravio sufrido.
Lucía estaba absorbida de admiración por el momento que se había convocado mediante no se sabe qué sino de Justicia tan bien escenificado en ese momento en que podía explayarme bien a gusto.

-Asimismo, Santiago, deseo ponerte al corriente de que figuras, junto a tu hermano, en los Agradecimientos de este libro y voy a leerlo delante de ti.
Abrí la página correspondiente y me dispuse a degustar hasta la última palabra de esa dedicatoria hacia quien estaba impertérrito delante de mí:

“A los hermanos V. , por buscar en el Más allá, cuando no saben encontrarse en su más acá”.

La resignación en la cara del pobre hombre era toda una reivindicación de vergüenza soportada con obligado estoicismo. La cara de la preciosa Lucía era toda una fiesta alegrándose por ese momento en que , por justa correspondencia, me estaba despachando con quien antes se había ejercitado en la soberbia, envanecido de su programa de radio del que presumía delante de esa chica acompañante que tampoco salía de su asombro.

Me despedí de él educadamente y regresé con Lucía. Al cabo decidimos ir a darnos una vuelta con la Hayabusa, que para eso está la libertad y disfrutar después de los malos momentos que en estos meses no fueron pocos… siempre llega el momento de la liberación y a veces la propia naturaleza, aventurera ella, actúa para provocarla.

Según salíamos por la puertas del habitáculo de fumadores, me volví y encaré de nuevo a la mesa de la pareja más que perpleja por la situación vivida.

-Disculpa Santiago- él se levantó respetuosamente y con la misma sonrisa resignada de antes , dispuesto a soportar con humildad el nuevo chaparrón- ¿ Te das cuenta , Santiago, de lo grande que es Madrid? ¿te das cuenta de lo grande que es este VIPS? ¿ De lo largo que es el tiempo de Domingo y la de lugares donde ir tan extensos? ¿Te das cuenta de que os habéis ido a sentar a dos pasos de nosotros con lo amplia y vacía que está esta zona de fumadores?
Creo, Santiago , que hoy has venido aquí, nada casualmente, para aprender tu lección de humildad. Recuerdos a tus padres.

Le di la mano que me ofreció y marché del brazo de Lucía, hermosa, sana, juvenil, cómplice de esta vivencia de mágica Justicia.

F.Candela

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