Artículo del autor: Heroínas anónimas del salvaje día de lo cotidiano ( Contra el maltrato de la mujer)

Heroínas anónimas del salvaje día cotidiano.

Muchas son las olvidadas mujeres sufrientes en esta acerba sociedad de un siglo XXI deshumanizado; una sociedad cuyas hipocresías se han convertido en doctrina infecta que se nutre de inocentes. Cada día la supervivencia personal y colectiva de muchas mujeres pasa inadvertida por la indiferencia de este tráfago de civilización que sólo vela por los poderosos, los estúpidos encumbrados por las malas artes del engaño y los viles manipuladores de vidas y muertes que viven su bienestar a costa de sufrimientos ajenos. No es mundo para indefensos este torbellino social de la mentira que dice preocuparse por las víctimas a merced de los muchos depredadores que cada vez pululan con más impunidad por no se sabe qué oscuros entresijos de ineptitud, allá donde la Justicia yace ciega y miserablemente ineficaz. Existen muchos depredadores con máscaras de ciudadanos ejemplares; bestias que propician el infierno a las mujeres con las que conviven, dando dentelladas feroces entre las cuatro paredes de un infernal hogar mientras se convierten en amables y humanizados filántropos de puertas afuera. Disimulan esos demonios los daños de sus complejos inconfesables que provocan a aquellas mujeres cuyos anhelos cometieron el terrible error de querer ser felices y acceder a su derecho de sentirse amadas y respetadas. Errores que la sociedad llegó a criminalizar con la más absoluta indiferencia por cuantas víctimas eran masacradas sin recibir ninguna ayuda ni orientación, obligadas a padecer en soledad sus pesadillas. Así fue durante décadas hasta que la conciencia social se escandalizó para acomodarse con unas medidas deficitarias que no palian la sangría del crimen conyugal pero sí acrecientan el orgullo de la complacencia social.

Nada bueno cabe esperar de un puño cerrado, aunque agarre una rosa.

Hipócritas y sinvergüenzas propalan su interés por las mujeres maltratadas mientras el pueblo sigue reivindicando la insuficiencia de unos políticos que viven de la apariencia de sus ineficacias y prolongan la agonía diaria de miles de mujeres presas de sus justificados miedos. Muchas son mis amigas que han padecido los daños psíquicos y la brutalidad física de monstruos sin entrañas, de encantadores seres infernales que disimulan ante sus semejantes el crimen que perpetran a escondidas. Brutalidad psíquica aún más cruel que la física según he oído decir a quienes padecieron semejante barbarie sin freno, las secuelas son tan dolorosas como indelebles ya que el amor es difícil proceso de sanación porque suelen sentirse y están solas muchas de estas heroínas anónimas de nuestro tiempo. En cada amanecer de nuestra actualidad una mujer se sustenta, presa de maltratos dispares, con las fuerzas debilitadas del sacrificio y el dolor continuado, ignorada por aquellos que incumplen la responsabilidad política de su defensa vital. Cada hora que transcurre de esos tremendos días de indiferencia social, una mujer tiembla a causa de la perspectiva inacabable en la tortura y el desasosiego, a la espera de un desenlace de sus tragedias con la hipócrita condición de aquellos que dicen preocuparse por la integridad psíquica y física de las agredidas. La realidad demuestra la desidia de los inútiles responsables prestos a publicitar sus medidas proporcionalmente inservibles al acrecentamiento de las muertes que se producen inexorablemente . Lo más terrible de estos frecuentes ataques con resultado de homicidio, es que en numerosas ocasiones son consuelos para unas almas atormentadas; heroínas de sacrificios insufribles dejan de sobrellevar en la intimidad la bestial indiferencia social que sólo reacciona cuando se horroriza con la sangre derramada. Peor es el hartazgo de crueldad que practican esas bestias maltratadoras a diario que el alivio de dolores lacerantes después de haber sido masacradas en cuerpo y alma con el beneplácito del silencio vecinal hasta que es demasiado tarde. Madres abnegadas más allá de las resistencias de lo humano que traspasan las barreras de lo indefinible para descender a los infiernos, caminan con la mirada extraviada y el paso tembloroso cuando regresan al hogar del demonio que las espera. Disimulan sus tragedias y se entregan con resignaciones que defienden a sus hijos por no sucumbir en el intento de darles una oportunidad de vida… aunque la vida pierdan en el intento de sobrellevar tan duras cargas. Sólo en las miradas de quienes han soportado la cuchillada diaria en el alma, se pueden deducir las consecuencias que ningún experto puede jactarse de conocer. La tragedia es aún mayor que los magines de los teorizadores y esa realidad está más cercana al laberinto de la destrucción psicológica que a la habilitación pretendida con medidas insuficientes si no baladíes. Años ha fui testigo de cómo una madre con 7 hijos quedaba en la calle después de huir ,en plena madrugada, de la casa donde vivía con un psicópata, su amantísimo esposo ; aquél los había perseguido con un cuchillo por haber evitado los niños que violara en aquella ocasión a su madre. Todas las instituciones se lavaron las manos y dejaron abandonados a su suerte a aquella familia sin techo a la que acogí bajo mi protección moral en vista de que la sociedad había rechazado el llamamiento a la piedad. Triste y de vergüenza ajena fue el largo calvario de búsqueda de ayuda donde hasta el Instituto de la Mujer dio la espalda con una frialdad comparable a la repugnancia insolidaria de la que hace gala esta hipócrita manada social que es España. La solidaridad importa un bledo a no ser que trascienda en publicidad o beneficios propios recabando la atención de lo ajeno… así es la bastarda mentira de fingidos benefactores a quienes no les importa la tragedia de los más mientras se desgañitan en reverenciar las frivolidades de los menos. Los menos… vomitivos poderes de los influyentes Epulones, la verdadera vergüenza social de ciegos aparentando influencias en un mundo de miserias. Así es la mierda que se ocupa de ventear sus efluvios repulsivos disfrazándolos de obras de caridad o preocupaciones sociales. No me creo nada. La agonía es cada vez más larga. En tanto, España sigue fabricando sus heroínas de cuerpo y espíritu con la sorna vergonzante de la solidaridad y el dolor compartido, mientras siguen las torturas de los monstruos en el espeso silencio de las cuatro paredes en que miles de mujeres mueren un poco más cada hora, ajenas de reconocimiento si no es tras la tapa de un ataúd donde reposan liberadas de la mentira civilizada y de sus ejecutores; tan dañina la primera como impunes los segundos hasta que asesinan . Así es la falsa Justicia que necesita de la sangre esparcida para defender a las víctimas de la indefensión permanente donde acaba el sufrimiento con el silencio de la tumba. Benefactores sociales aparentes sacan sus garras de cánidos rabiosos en el domicilio donde aguarda la presa. Médicos, investigadores sociales, catedráticos, artistas, periodistas, políticos que luego tratan con terroristas en oscuras negociaciones, presumen de humanización pero se quitan sus máscaras de civilizados para mostrar la faz del íncubo que camuflan tras las buenas maneras. Torturadores psicológicos que se justifican si no agreden físicamente o que justifican las palizas por creerse superiormente sanos en la debacle mental que, como pervertidos y acomplejados, ejercen contra sus mujeres con el cómplice silencio de quienes les creen buenas gentes. Así de asquerosa es la culpabilidad y la complicidad de tantos míseros farsantes que claman por la Justicia Social. Malditos.

F.Candela

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